Nos visualizábamos a los lejos, tu mirada prendada en mi anatomía y la mía en tus ojos, podía ver a través de ellos tus pensamientos que rondaban, donde pedias a gritos desgarrar mi ropa y atravesar mi corazón con el fuego abrazador de tus ocultos instintos.
Sentía tu éxtasis embriagador de la inexperiencia mezclado con la decisión de hacerme sentir única entre tus brazos.
La ambición del deleite de tu mirada perdiéndose en mi suave figura que se electrizaba por el tacto de tu piel, sintiendo, ondulando cada parte de mi ser para enloquecerte, saciar cada instinto perdido en la ilusión y envolvernos en la llamarada que no tenía asidero bajo nuestras ropas.
Bebí cada cuota de cordura, bebí cada gota de locura, disfruté cada entrega de tu ser y la mezclé con mis deseo oscuros de gobernar un corazón joven, con el desdén de una diosa que maneja el tiempo y la mente de sus súbditos.
Desgarré tu piel, tu corazón, tu curiosidad, ahora solo somos un recuerdo que gobierna en las noches donde coinciden nuestros deseos, donde se mezcla el fuego imperante con el licor más dulce.
Fuimos un momento, somos un recuerdo.
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