Con 30 años de edad Regi jamás imaginó que
le sería tan difícil llegar hasta ese momento, siempre imaginó que su vida
sería corta y que los problemas no asaltarían su vida como lo han hecho hasta ahora.
De niña siempre fue retraída, lo cual la hacía alejarse de la gente, aunque
jamás perdió el sentido de la cortesía y sabía actuar políticamente correcto.
Creció pensando en que la vida que vivía era inexistente y que no era más que
un sueño; que la realidad era que había caído en coma y pronto despertaría,
vería a su madre, padre y hermano. Cada año, para su cumpleaños decía: “este
será mi último cumpleaños en este sueño, pronto despertaré y mi realidad será
otra”.
Así pasó el tiempo, los años y cuando Regi
cumplió 30 años, ese mismo día, recibió una visita, era un hombre con un rostro
muy afable, ella lo observó y preguntó quién era, él solo la observaba y le
sonreía. Lugo de unos 3 minutos de silencio, él le dijo que hace muchos años se
había ido a otra ciudad y que precisamente
en ese departamento que ella vivía, vivió él con su familia y que había dejado
entre unas tablas del piso una cajita con las pertenecías y recuerdos de una
hija que él tuvo y que falleció cuando era muy pequeñita. Regi sorprendida lo
invitó a pasar, pese a que sabía que no debía confiar en extraños, él le
parecía un hombre confiable, además quiso probar su intuición y comprobar a su
vez que realmente existía esa cajita de la que él hablaba. Pero para sorpresa
del hombre al momento de buscarla, se encontró confundido, ya que el
departamento había sufrido varias transformaciones. Se concentró y comenzó a
recordar cómo era en aquellos años y lo llevó a la realidad, al fin, vio bajo
un mueble un tablón, corrieron el mueble y comenzó a contar, desde el primero
que daba a la pared, hasta llegar a 3, sacó la tabla y ahí estaba la cajita.
Regi, lo miró, tomó la cajita en sus manos y comenzó a recordar cosas, pasaron
mil imágenes por su cabeza, la abrió y ahí había fotos de ella cuando era
pequeña, de su familia y su padre que había muerto cuando ella tenía 7 años de
edad. Regi miró aquel hombre y reconoció en su mirada la de su padre, no podía
creerlo, era su padre, siguió mirando las fotos y comprendió que lo que ella
creía desde niña, que vivía un sueño, era una realidad paralela, efectivamente
estuvo en coma y jamás despertó y ahora era la muerte quien se encargaba de
juntarlos una última vez.
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